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El Plan de perdón del Espíritu Santo

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El Plan de perdón del Espíritu Santo

UCDM enseña que, en vez de querer llevar a cabo la corrección, hay que dejarla en manos del Espíritu Santo:  “La corrección que tú quisieras llevar a cabo no puede sino causar separación, ya que esa es la función que tú le otorgaste.  De acuerdo con esta interpretación de lo que significa corregir no podrás ver tus propios errores. Pues habrás trasladado el blanco de la corrección fuera de ti mismo, sobre uno que no puede ser parte de ti mientras esa percepción perdure. Aquel al que se condena jamás puede volver a formar parte del que lo acusa, quien lo odiaba y todavía lo sigue odiando por ser un símbolo de su propio miedo. He aquí a tu hermano, el blanco de tu odio, quien no es digno de formar parte de ti, y es, por lo tanto, algo externo a ti: la otra mitad, la que se repudia. La corrección debe dejarse en manos de Uno que sabe que la corrección y el perdón son lo mismo.”

Según el Curso, «perdonar es pasar por alto». Ello quiere decir que no percibes error ninguno en tu hermano, no pretendes corregirlo, lo aceptas tal cual lo ves. Comprendes que tu percepción solo es una manera más de ver las cosas; sabes que te proyectas en los demás; eres plenamente consciente de que tu hermano es un espejo y que solo gracias a él puedes verte a ti mismo.   El Espíritu Santo es nuestro guía para pasar por alto los errores de nuestros hermanos. No podemos hacerlo solos, porque nos duelen, nos molestan, los condenamos. El Curso nos pide que entreguemos al Espíritu Santo nuestros juicios; Él nos enseñará a percibir sin juzgar. Esto pone nuestra mente en paz, que es una condición necesaria para superar los malestares físicos. Otra condición es el Perdón —lo escribo así, con mayúscula, para diferenciarlo del perdón del ego—; este siempre estará dirigido a nosotros mismos, porque somos nosotros los que vemos el pecado, la falta, el error. Somos nosotros los que sufrimos. Y debemos comprender que no hay nadie que nos haga sufrir, sino que sufrimos con aquello que creemos que nos hacen. Nadie nos insulta, no hay nadie que nos haga daño. Nos insultamos y nos hacemos daño a través de los demás. Por lo tanto, el Perdón, el auténtico Perdón, hay que aplicárselo a uno mismo.

Lo que se deriva de la aplicación del perdón del Espíritu Santo es que el tiempo se acorta. Es más: vives en otro espacio-tiempo, las cosas que antes te afectaban dejan de hacerlo. A eso el Curso lo llama ver más allá del error, saltar el tiempo lineal. Los acontecimientos se te pueden presentar al unísono, todo está allí para que tú escojas vivir lo que quieras en el momento que quieras. Es una experiencia que no se puede explicar; hay que vivirla. No olvidemos que UCDM no es un curso para entenderlo, sino para experimentarlo.   “No obstante, el tiempo solo está a la espera del perdón para que las cosas del tiempo puedan desaparecer, ya que no son de ninguna utilidad.”  Cuando se vive con el Perdón, uno se siente liberado de toda culpa. Esta desaparece cuando nos perdonamos por el daño inconsciente que nos venimos haciendo desde hace milenios. Debemos comprender que somos los únicos hacedores de cuanto nos sucede y que, si lo que nos hacemos nos duele, tenemos que perdonarnos. Este es el Plan de Expiación del Espíritu Santo que deshace el error.

En “Tu realidad inmortal”, Arten le dice a Gary que Expiación es igual a apaciguamiento, que equivale a pacificación o reconciliación, conceptos que debemos aplicarnos a nosotros mismos, no a los demás. Yo me apaciguo, me pacifico, me reconcilio conmigo mismo

Es obvio que, si no juzgas, no tienes que perdonar. Pero, aun así, queda mucha culpabilidad inconsciente que se manifestará en tu vida en forma de acontecimientos molestos o dolorosos, y entonces tendrás que perdonar. Con la aplicación del Perdón se gana tiempo, porque el tiempo existe en la medida en que la culpa crece; existe gracias a la creencia en la culpabilidad, y ésta siempre clama castigo, que, a su vez, se presenta a lo largo del tiempo. Cada vez que nos perdonamos, eliminamos una parte de esta culpa inconsciente y, entonces, el tiempo se acorta. Si me perdono por el daño que me estoy haciendo a través del otro, libero al otro del daño que se hizo a sí mismo intentando dañarme. Dejo de juzgar y de juzgarme y aplico el Perdón. No debemos olvidar que la víctima también es el victimario, pues su conducta y su forma de ver y entender la vida la hacen vivir experiencias en las que busca un verdugo para poder ser víctima, y así ata al otro.

He aquí una de las grandes aportaciones que podemos hacer para liberar el sufrimiento del mundo: no ver el error, perdonarnos si lo vemos entregándoselo al Espíritu Santo para que lo deshaga. Así, reemplazamos el sistema de pensamiento del ego por el del Espíritu Santo.

(Texto extraído de “Curación a través de Un Curso de Milagros”, de Enric Corbera, adaptado por Xavi Demelo)

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Xavi

 

4 comentarios

  1. Alejandro Hoyos López dice:

    Sensacional Artículo. Me brinda intranquilidad, paz y regocijo al saber que poseeo el perdón y liberación de Mi Vida en compañía de Mi Amado Espíritu Santo.

  2. Cristina dice:

    Fabuloso; me a encantado el texto.
    No dejemos que se el Ego el que perdone, no lo hará. Comencemos a dárselo al Espíritu Santo.
    Gracias por compartir. Saludos

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