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Un Curso de Milagros Fácil: Dolor y sufrimiento

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Un Curso de Milagros Fácil: Dolor y sufrimiento

DOLOR Y SUFRIMIENTO

Otra cosa que nos mantiene atados a los sueños es la creencia en el dolor y en el placer como maneras de vivir. “El dolor nos muestra que el cuerpo es real. El dolor exige atención, quitándosela así al Espíritu Santo y centrándola en sí mismo. Su propósito es el mismo que el del placer, pues ambos son medios de otorgar realidad al cuerpo.”  Otra de las cosas que aprendes cuando despiertas en el sueño es que ya no quieres sufrir más, y esto se hace muy fácil cuando ya no quieres convencer a nadie de nada.  El dolor siempre se produce cuando quieres cambiar algo de tu sueño y para ello empleas el sacrificio. Este sacrificio se convierte a la larga, en dolor emocional y se traduce en síntomas físicos. El sueño se sustenta en la creencia de que la soledad y la separación no solo son posibles, sino reales. Entonces el ego te hace vivir en el miedo y tú empiezas a buscar afuera las soluciones a tu soledad. Despertar implica saber que afuera no hay nada que pueda hacerte feliz. Que tu sufrimiento consiste en la creencia de que hay algo afuera que deseas. El miedo es el mayor obstáculo para despertar.   Cuando pedimos un milagro, en realidad lo que pedimos es que se deshaga la percepción que tenemos del mundo que nos rodea. Por eso UCDM dice: «El milagro te devuelve la causa del miedo a ti que lo inventaste. Pero también te muestra que, al no tener efectos, no es realmente una causa porque la función de lo causativo es producir efectos».

Bien, ya estamos despertando, aplicamos el Perdón a nuestras vidas, dejamos de imponer papeles a los demás, o sea, dejamos de ser guionistas y, para completar nuestra receta del despertar, seguimos inspirándonos en UCDM: «Para despertar, por lo tanto, tiene que dejar de juzgar». Cuando despertemos en el sueño, seguiremos soñando. Pero a este sueño se lo llama sueño real. En él, ya no son posibles el miedo ni la enfermedad; ya no hacen falta los ídolos que nos protejan de todo mal y sus personajes ya no son traicioneros. Todo ello es posible porque nuestra mente se ha transformado en una mente inocente que no tiene conciencia del mal y, por lo tanto, no existe en su mundo.   Para despertar, hay que aplicar la máxima metafísica del Curso: el mundo no existe y el cuerpo tampoco:  “¡El mundo no existe! Este es el pensamiento básico que este Curso se propone enseñar.”

«El cuerpo es algo externo a ti, y solo da la impresión de rodearte, de aislarte de los demás y de mantenerte separado de ellos y a ellos de ti. Pero el cuerpo no existe.” Quiero recordar que, para hacer y estudiar UCDM, no hay que creer en él. No hay que creer en lo que dice; lo que hay que hacer es ponerlo en práctica. Es un curso de autoaplicación, un recurso de enseñanza radical, y hay que practicar sus ideas cada día. El Curso no se aprende intelectualmente; es una experiencia única para cada uno. Hay una frase de Arten en el libro de Gary R. Renard que me encanta:  “Algunas personas que han estado estudiando Un curso de milagros durante mucho tiempo se consideran muy inteligentes. Piensan que conocen el significado del Curso. En algunos casos tal vez lo conozcan, y en otros casos tal vez no. Sin embargo, lo importante es que tomes tu comprensión del Curso, cualquiera que sea, y la apliques.”

Repito que el Curso no hay que entenderlo intelectualmente. Aprenderlo no es una cuestión de inteligencia, sino de aplicar el Perdón y el no juicio. Cuando hacemos esto, nuestro mundo, nuestro universo, cambia. Nos sentimos seguros y en paz. Hay mucho que perdonar y hay que entrenar la mente para no emitir juicios, para percibir sin juzgar. Pero, para ello, debemos solicitar la ayuda del Espíritu Santo.

Otra cosa muy importante para despertar es la plena comprensión de que el dolor que experimentamos en este mundo es el resultado de la culpa inconsciente. Por eso la única cura es el Perdón. Cuando adquieres cierta práctica en la aplicación del Perdón y del no juicio, tu mente entra en un estado de quietud. Observas el mundo y no piensas nada, no ves pensamientos en tu mente. Simplemente observas y dejas que tu corazón te diga lo que debes hacer, si es que debes hacer algo. Al mirar el mundo sin hacer juicio alguno, le quitas fuerza y, con ello, consigues que «esta realidad» —la ilusión— no te afecte.

“Una mente tranquila no es un regalo baladí.”

(Texto extraído de “Curación a través de Un Curso de Milagros, de Enric Corbera, adaptado por Xavi Demelo)

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