Un Curso de Milagros Fácil: Fortaleza y trascendencia de los milagros

Fortaleza y trascendencia de los milagros

Los milagros son recursos de enseñanza para demostrar que dar es tan bienaventurado como recibir. Aumentan la fortaleza del que da y simultáneamente le dan fortaleza al que recibe. (Principio 16)

Este principio es idéntico al número 9. Pueden ver que muchos de los principios se repiten. Igual que con el tiempo, el milagro es un instrumento de enseñanza y la idea es ayudarnos a entender que no estamos separados.

El milagro nos enseña que “dar y recibir son en verdad lo mismo,” es el título de la Lección 108 del libro de ejercicios. Todos somos lo mismo: maestro y discípulo; terapeuta y paciente; el que sana y el que es sanado. Recuerden que el error que el milagro tiene que corregir es el error de creer que estamos separados. El milagro, pues, se convierte en una muestra de nuestra unión y es de eso que habla este principio.

Los milagros trascienden el cuerpo. Son cambios súbitos al dominio de lo invisible, más allá del nivel corporal. Por eso es por lo que curan. (Principio 17)

“Los milagros trascienden el cuerpo” porque nos enseñan que no es en el cuerpo donde “se dan.” El cuerpo no es lo que constituye el problema y, por lo tanto, al cambiar de pensamiento trascendemos las leyes del cuerpo. Es por eso que, por ejemplo, personas que pueden tener serios problemas de cáncer, un día van al doctor y éste les dice: “No entiendo, todo ha desaparecido.” Hay muchos ejemplos de esa clase de proceso.

Hay una lección que dice: “No me gobiernan otras leyes que las de Dios” (L-pI.76). Esa lección menciona algunas de las leyes que el mundo estima, tales como las leyes de nutrición, inmunización, amistad, economía y religión, y dice que ninguna de estas leyes significa nada, y que al cambiar al milagro (mentalidad correcta), uno puede trascender estas leyes y no permanecer atado a las mismas. Fue la mente la que fabricó las leyes físicas. Es por eso que es tan importante darse cuenta, si van a trabajar con Un Curso de Milagros, que éste enseña que Dios no creó al mundo. Las leyes del mundo, las leyes de gravedad, muerte, enfermedad y nutrición, todas las leyes, son “creadas por el hombre”; todas son parte de la mente egocéntrica. El ego las hizo, y nosotros le damos poder a esas leyes en virtud de nuestra lealtad al ego. Al cambiar esa lealtad, podemos trascender todas esas leyes.

Un ejemplo de alguien que no está sujeto a esas leyes es Sai Baba, el famoso gurú indio, quien trasciende el mundo físico, y es capaz de manifestar y materializar objetos en su mano. Sólo mueve su mano y, súbitamente, produce un anillo de diamantes o lo que sea que quiera hacer. Y uno no tiene que creer, dicho sea de paso, que él es auténtico para aceptar que el principio es auténtico. Eso es lo que él demuestra: que con el uso adecuado de la mente usted en realidad puede hacer cualquier cosa en este mundo. Como dice Jesús más adelante en el texto, tu fe puede mover montañas (T-21.III.3:1), y creo que él lo dice muy literalmente. Puesto que nuestras mentes hicieron la montaña, en todo caso, ¿por qué no podemos divertirnos con ella o moverla de aquí para allá? Ya que todo es fabricado por nuestras mentes, no debería causar ninguna sorpresa que podamos cambiar lo que hemos hecho. ¿Qué hay de extraordinario en eso? Hicimos el cáncer; ¿por qué no podemos cambiar de idea sobre el mismo? No es el Espíritu Santo Quien cura el cáncer. El simplemente nos recuerda que podemos hacer otra elección, al recurrir al poder de nuestra mente de cambiarse a sí misma. Las formas son magia, pero el propósito de Sai Baba ciertamente parece ser la demostración, a las mentes que se han cerrado a su poder, de lo que puede hacer la mente. Y es este propósito lo que la hace espiritual, no psíquica, una distinción a la cual volveremos más tarde (vea págs. 85, 115-16).

Otro ejemplo es el que cita Ram Dass en términos de su gurú. Llamado entonces Richard Alpert, el psicólogo de Harvard que colaboró con Timothy Leary en la investigación y experimentación psicodélica, él viajó a la India en busca de su gurú y al fin lo encontró. Al cabo de unos días el gurú le pidió que le trajera su maleta, la cual estaba repleta de LSD y de otras substancias, supuestamente desconocidas por el gurú. Alpert trató de ocultarlas, pero finalmente, a insistencias del gurú, tuvo que entregarle el contenido de la maleta. Sin parpadear, el gurú se tragó lo que Alpert afirma que era una cantidad increíble de la “substancia blanca.” No tuvo efecto alguno en el gurú. Fue un ejemplo de habilidad psíquica o magia, pero su propósito era en verdad distinto. Y tuvo un singular efecto sobre Alpert.

Estas son ilustraciones del primer principio, “de que no hay grados de dificultad en los milagros”. Muchas personas son capaces de adiestrar sus mentes de manera que pueden mover un vaso o una taza de un lado a otro de la mesa. Eso no es difícil de lograr si usted está realmente dedicado y es disciplinado con su mente. Y, si usted puede mover una taza, ¿por qué no podría mover una montaña? Esta podría ser una forma de explicar cómo los antiguos egipcios movieron todas esas rocas pesadas para construir las pirámides: de algún modo ellos habían aprendido a dominar sus mentes. Negar esto como una posibilidad es afirmar que existen grados de dificultad en los milagros.

Tal dominio, sin embargo, no le trae paz ni lo acerca más a Dios. Todo lo que hace es capacitarlo para que vuelva a ponerse en contacto con el poder de su mente. Pero es el mal uso de ese poder lo que nos metió en dificultades, en primer lugar. Así que, el único remedio para esta práctica equivocada es poner su mente bajo la dirección de Aquel Que jamás la usará mal. Es por eso que el Curso es tan claro y enfático sobre cómo debemos hacer las cosas en el mundo -le preguntamos a Aquel Que sí sabe; no las hacemos por nuestra cuenta. De lo contrario, podríamos utilizar nuestras mentes como una forma de lograr poder sobre los demás, hiriéndolos a ellos y a nosotros mismos.

Cuando el principio dice que el milagro “cambia al dominio de lo invisible,” habla de cambiar hacia la mente más que hacia el cuerpo. Y es por eso que el milagro puede sanar, porque devuelve el problema al lugar donde verdaderamente radica, que es la mente y no el cuerpo. Hay una hermosa línea casi al final del Capítulo 12 que dice: “Cuando hiciste que lo que no es verdad fuese visible, lo que es verdad se volvió invisible para ti” (T-12.VIII.3:1). Por lo tanto, necesitamos ayuda para movernos desde lo que parece visible -el cuerpo- hacia lo que hemos hecho invisible -la verdad en nuestras mentes.

(Texto extraído de “Los 50 principios del milagro”, de Kenneth Wapnick, adaptado por Xavi Demelo)

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Xavi