Un Curso de Milagros Fácil: Oración y milagros

Un Curso De Milagros Fácil

Un Curso de Milagros Fácil: Oración y milagros

 

La oración es el vehículo de los milagros. Es el medio de comunicación entre lo creado y el Creador. Por medio de la oración se recibe amor, y por medio de los milagros se expresa amor. (PRINCIPIO 11)

 Este principio introduce la idea de la oración, una palabra que no se usa a menudo en el Curso. Generalmente, el trato que el Curso le da a la oración se relaciona con la idea de petición, de orar por algo o por alguien. Con frecuencia, esa es la manera en que UCDM utiliza la palabra “oración” y, como dice más adelante en el texto, “la única oración que tiene sentido es la del perdón porque los que han sido perdonados lo tienen todo” (T-3.V.6:3). Una vez que usted le pide a Dios para que ocurra algo en el nivel del cuerpo, bien sea el suyo o el de otra persona, está haciendo real al cuerpo y al mundo, lo cual significa que usted está cayendo en la trampa del ego. Como vimos antes, básicamente usted le dice a Dios lo que tiene que hacer. Está diciéndole a Dios: “Este es mi problema,” o “Quiero que Te encargues de esto y espero que lo hagas.” Ese es otro ejemplo de la arrogancia del ego, el cual usurpa el lugar de Dios.

Así que cuando el Curso dice que “la única oración que tiene sentido es la del perdón,” está señalando que por lo único que debemos orar es para que nuestras mentes se sanen de la manera de pensar del ego y que cambien a la manera de pensar del Espíritu Santo. En efecto, es lo que hace “nuestra pequeña dosis de buena voluntad”, como dice el Curso. Es una manera de orar pidiendo la ayuda del Espíritu Santo de modo que compartamos Su percepción del mundo en lugar de la nuestra.

No hay que decirle al Espíritu Santo hacia donde debe extender Su milagro o Su amor en el mundo. Todo lo que se necesita es que nos quitemos de en medio, que es lo que hace el perdón, de modo que Él pueda entonces obrar a través de nosotros y utilizarnos como Sus instrumentos. El folleto “El canto de la oración” usa una analogía de la oración como una escalera, y el peldaño superior de ésta es lo que podríamos llamar oración mística, o la oración como una experiencia de comunión con Dios. Todos los peldaños inferiores son pasos hacia esa experiencia. Comienza con la idea de orar para pedir cosas o de orar por otras personas, y progresar por medio de ésto, hasta reconocer que no oramos por los demás; en realidad oramos por nosotros mismos. Pero, casi siempre, cuando el Curso utiliza la palabra “oración,” lo hace en la misma forma que las religiones tradicionales la han usado -como el orar para pedir cosas- y, obviamente, éste tiene una opinión distinta al respecto.

Aquí, sin embargo, cuando habla acerca de la oración, refleja ese peldaño superior de la escalera, que podría ser una experiencia de haberse unido con Dios a través del Espíritu Santo. En ese sentido, pues, la oración se convierte en el “vehículo de los milagros.” El alinear nuestras voluntades con la de Jesús o el Espíritu Santo es lo que permite que Su milagro obre a través de nosotros.

Básicamente, UCDM habla acerca de la revelación en el primer capítulo únicamente, y lo hace al referirse a la oración como un “medio de comunicación entre lo creado y el Creador.” El Curso establece una diferencia entre la revelación y el milagro -la revelación es una experiencia temporal de unidad con Dios, la cual no constituye la meta del Curso. Es por eso que no la discute posteriormente. La revelación se contrasta con el milagro, la experiencia de unión con el Espíritu Santo que consecuentemente nos une con todos los demás. “La revelación te une directamente a Dios. Los milagros te unen directamente a tu hermano” (T-1.II.1:5-6). Si una persona tiene una experiencia reveladora, eso es algo santo y bueno, pero ese no es el centro de interés del Curso.

“Por medio de la oración se recibe amor, y por medio de los milagros se expresa amor.” Lo que se discute aquí es la experiencia de sentir el Amor de Dios y de permitir luego que el Espíritu Santo tome ese Amor y lo extienda por medio de nosotros. El propósito de esto, por consiguiente, es permitir que se nos purifique de cualesquiera de las cosas que pudieran impedir que el Espíritu Santo nos utilice como canales de Su Amor.

Las oraciones al final del libro de ejercicios, todas dirigidas a Dios Padre, son otro ejemplo de las inconsistencias del Curso en el nivel del lenguaje o expresión. En otra parte, como ya sabemos, UCDM dice bien claro que Dios ni siquiera sabe de este mundo, el sueño del Hijo que duerme y que está fuera de Su Mente (e.g., T-4.II.8; T-18.VIII.4,6). De modo que no tendría mucho sentido, en este nivel, orarle a Él. Pero el Curso no se adhiere rígidamente a una forma de expresión. Lo que realmente hace es utilizar a “Dios” como una metáfora en lugar de Espíritu Santo, que es Su Voz. Encontrarán eso mismo justo al final del Canto de la oración, donde la primera persona es el Mismo Dios. Así que, realmente el Curso le ofrece al lector una variedad en términos de forma, bien sea para orarle a Dios, al Espíritu Santo, a Cristo, a Jesús o a cualquier otro con quien se sienta a gusto -eso no tiene importancia.

(Texto extraído de “Los 50 principios del milagro”, de Kenneth Wapnick, adaptado por Xavi Demelo)

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Xavi