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Un Curso de Milagros Fácil: Programas inconscientes

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Un Curso de Milagros Fácil: Programas inconscientes

UCDM es uno de los pocos libros que definen muy bien la conciencia:

“La conciencia —el nivel de la percepción— fue la primera división que se introdujo en la mente después de la separación, convirtiendo a la mente de esta manera en un instrumento perceptor en vez de en un instrumento creador. La conciencia ha sido correctamente identificada como perteneciente al ámbito del ego.”

Con todo aquello que la conciencia cree que sabe, elabora lo que llamo una historia, como explicación de las causas de todo lo que ocurre. Nos conformamos y, con nuestro libre albedrío, elegimos. Pero esta elección está mediatizada y controlada por las creencias inconscientes, por programas heredados de nuestros ancestros. Entonces, se nos repiten las mismas historias, aunque en contextos aparentemente diferentes. Nos sentimos víctimas de circunstancias externas, lo atribuimos todo a la mala suerte o a un mal karma. La realidad es mucho más simple: las historias personales son el reflejo de las historias inconscientes —la que yo llamo la historia oculta—, y solo cuando somos conscientes de esto, cuando comprendemos que nuestro libre albedrío es mínimo, podemos aplicarlo.

Cuando utilizo la conciencia para ver como mi inconsciente se proyecta en mi vida y en mis circunstancias, soy el observador de mis propios procesos mentales y entonces —¡oh, se hizo la luz!— veo lo que estaba oculto.

Cuando la persona toma conciencia de esas historias “autocreadas”, puede liberarse de muchos sentimientos, como la culpa; puede desprogramar, desaprender estos programas. Esto produce una gran liberación de energía, una descarga. El individuo se siente aliviado, como si se le quitara un peso de encima. Sabe que ahora sí: ahora puede tomar una decisión, libre de culpa y de miedo. Le pido que aplique el Perdón a su vida, que no haga juicios, que acepte sus experiencias, que agradezca esta toma de conciencia. Al hacerlo, la mente sana y el cuerpo reacciona en consonancia.   En su trabajo como psicólogos clínicos, Freud y Jung tuvieron que enfrentarse a las fuerzas que subyacen a la conciencia. Jung decidió separar el consciente del inconsciente en un punto muy avanzado del desarrollo, «aquel donde nos damos cuenta de nuestros propios procesos internos». La mente consciente y la mente inconsciente son la muestra de la dualidad en la que nuestra mente vive. Vivimos en un mundo dual, en el cual hay cosas que queremos mantener ocultas a los ojos de los demás. Eso crea un gran «egregor»: una entidad oculta, conformada por toda una serie de emociones y creencias escondidas que toman su fuerza de las mentes que viven las mismas emociones y prestan atención a las mismas creencias. Se crea una especie de energía cuántica que alimenta y se alimenta de todo este proceso mental. Esta energía, que es información, puede impregnar a algunos integrantes del árbol genealógico, que se sienten como dirigidos por una fuerza. En psicoanálisis, esto se relaciona con el síndrome del fantasma. De ahí la importancia de deshacer estos programas y de hacerlo de forma consciente.

Pero no olvidemos que todo es un sueño y que lo que percibimos como real es solo una consecuencia de nuestra mente dividida. Eso se podría explicar mediante la física cuántica: somos seres no locales que vivimos una experiencia local. Según este principio, no hay nada independiente y nada está desconectado. A nuestra sensación de estar desconectados de todo y de todos se la llama experiencia local. La física cuántica ha demostrado que todo está unido a través de una energía conocida como el campo.

Una de las maneras —por no decir «la manera»— de liberarnos de los programas inconscientes es mediante el Perdón. Si te niegas a practicar el Perdón en tu vida, tu sufrimiento emocional permanecerá. Cuando te das cuenta de que tu vida está mediatizada por programas inconscientes, lejos de caer en el victimismo, debes aplicarte el Perdón a ti mismo, por el daño que te has hecho al aceptar estos programas tóxicos. Por ejemplo, si mis programas inconscientes son de víctima, el universo me enviará personas para que desarrolle este programa, hasta que me canse y aprenda una verdad superior: el respeto a mí mismo, expresado en una verdad ancestral: «Amar al prójimo como a ti mismo.

UCDM dice cosas extraordinarias sobre esto:  “Hasta que no la superes eres libre de seguir crucificándote tan a menudo como quieras. Una vez más nada de lo que haces, piensas o deseas es necesario para establecer tu valía. Es imposible que un Hijo de Dios pueda amar a su prójimo de manera diferente de como se ama a sí mismo.”

Al perdonarte, te liberas y liberas a todos tus ancestros. El Perdón deshace programas y te permite rehacer tu vida con más conciencia y con un libre albedrío más potente. Tu experiencia local trasciende la realidad no local de la experiencia. Y, cuando te liberas, todos aquellos que se experimentaron a sí mismos en diversas realidades locales inherentes a sus vidas también son afectados por este Perdón.   De esta manera, podemos trascender programas que han controlado nuestras vidas de forma inconsciente, y nos permitimos elegir de nuevo o, dicho de otra manera: nos reprogramamos.  “Recuerda que todo es un sueño, y la medida de felicidad que encuentres en el sueño depende de tu perdón.”

¿Qué implica todo esto? Pues implica la necesidad de despertar de este sueño en el que creemos que nada escapa a nuestra conciencia, despertar de la creencia de que la realidad es simplemente lo que percibimos, que no existe nada más que lo que captan nuestros sentidos. Que tú y yo estamos separados, que nuestras mentes también lo están, que vivimos en un mundo donde hay que protegerse de enemigos invisibles, a los cuales llamamos enfermedad. Necesitamos despertar de la creencia de que nacemos para morir. Este es un sueño de dolor, de sufrimiento, de escasez, un sueño donde nadie se fía de nadie, un sueño que siempre se nos presenta con dos caras: la cara de la inocencia, con la que el mundo se nos muestra, y la cara de la maldad, de la traición, del egoísmo. Debemos escapar de esta esclavitud, de esta noria que gira y gira, que nos hace creer que nos movemos, que vamos a alguna parte. Pero la verdad es que repetimos nuestras historias sin saber cómo salir de ellas. Por fin sé que estoy dormido, por fin sé que mi vida es un sinsentido, que las repeticiones se deben a programas inconscientes que no controlo y que mi conciencia me engaña. Por fin sé que vivo en un sueño de locura, en un mundo demente donde unos pocos controlan a muchos y estos muchos prefieren seguir dormidos, sentirse víctimas de las circunstancias y así justificar sus vidas de miseria, sus vidas pobres, repetitivas, vidas de miedo, vidas de fuga de este miedo en busca de instantes de un poco de felicidad, como las fiestas, en las que por unos momentos parece que nos podemos olvidar de todo. Pero enseguida nos encontramos nuevamente inmersos en esta soledad, atrapados en un miedo irracional.   Por fin sé que hay otra manera de vivir en este mundo, que mi forma de verlo, mi forma de pensarlo, puede cambiarlo.

¡Debo despertar!

(Texto basado en “Curación a través de Un Curso de Milagros, de Enric Corbera, adaptado por Xavi Demelo)

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Xavi