El Perdón

Un Curso De Milagros Fácil

El Perdón

Hay muchas personas que quieren liberarse de las ataduras del mundo, personas muy bien intencionadas, con ganas de mejorar y alcanzar el camino de la iluminación. El mundo les ofrece muchas maneras de conseguirlo: meditaciones, contemplaciones, una gran variedad de ejercicios, tipos de alimentación, etcétera. Todo ello requiere tiempo, sacrificios, caídas en el camino, sentimientos de culpa y la trampa del ego espiritual. El ego espiritual se alimenta de todos tus esfuerzos para mejorar. Te compara con los demás y te dice que eres mejor que los otros, porque has logrado un determinado nivel en alguna práctica, por ejemplo. El ego espiritual siempre ve el error en los demás. Te enseña que debes esforzarte, porque el camino a la iluminación es largo, arduo y no todos llegan. Es el gran maestro de la separación: ese es su único objetivo. Pretende que hagas grandes esfuerzos para iluminarte, pero que olvides lo más importante: tomar plena conciencia de que formas parte de todo y de todos, de que la separación es una ilusión que alimenta al ego y lo refuerza. El aspirante a la iluminación se rinde, no se siente capaz de seguir, la culpabilidad lo abruma. Las cosas del mundo lo arrastran con su inercia; percibe el sacrificio que se le pide como un obstáculo insalvable. El miedo atenaza su vida y deja de sonreír para esperar la muerte. Al final, alguien con el ego espiritual muy hinchado les dice: «No es tu momento, todavía no estás listo para recibir la gracia de Dios».

“La liberación se te concede en el instante en que la desees. Son muchos los que se han pasado toda una vida preparándose y, ciertamente, han tenido sus momentos de éxito. Este curso no pretende enseñar más de lo que ellos aprendieron en el tiempo, pero sí se propone ahorrarlo. Tal vez estás tratando de seguir un camino muy largo hacia el objetivo que has aceptado. Es extremadamente difícil alcanzar la expiación luchando contra el pecado. Son muchos los esfuerzos que se llevan a cabo tratando de hacer santo aquello que se odia y se aborrece. No es necesario tampoco que dediques toda una vida a la contemplación, ni que te pases largos períodos de tiempo meditando con objeto de romper tu atadura al cuerpo. Todos estos intentos tendrán éxito a la larga, debido a su propósito. Pero los medios son tediosos y requieren mucho tiempo, pues todos ven la liberación de la condición actual de insuficiencia y falta de valor en el futuro.   Tu camino será diferente, no en cuanto a su propósito, sino en cuanto a los medios. La relación santa es un medio de ahorrar tiempo. Un instante que tú y tu hermano paséis juntos os restituye el universo a ambos. Ya estás listo. Ahora solo tienes que recordar que no tienes que hacer nada. Cuando la paz llega por fin a los que luchan contra la tentación y batallan para no sucumbir al pecado; cuando la luz llega por fin a la mente que se ha dedicado a la contemplación; o cuando finalmente alguien alcanza la meta, ese momento siempre viene acompañado de este feliz descubrimiento: «No tengo que hacer nada».”

En todas estas prácticas el perdón brilla por su ausencia y, si se recurre a él, siempre se trata del perdón del ego, el perdón que ve el pecado en el otro, el que ve la ofensa que se le hace. Entonces, el ego caritativo perdona. Lo hace como un acto de sacrificio; equivale a decir: «Tú me has ofendido y yo, que soy muy bueno, te perdono. —Y se podría añadir—: Pero no olvido».   El perdón del ego caritativo utiliza el sacrificio y el sufrimiento como los mayores alardes de su bondad. Con el perdón pretende demostrar que los demás son culpables de su sufrimiento, de su dolor. Se sacrifica con la esperanza de que el sacrificio sea un medio para acceder a los Cielos más elevados de los Cielos del Señor.

UCDM deja muy claro en sus páginas que el sacrificio y el sufrimiento están basados en la culpabilidad, en la carencia y, sobre todo, en una interpretación errónea de la naturaleza del perdón. Muchas personas se sacrifican porque no quieren hacer daño, sin darse cuenta de que el daño se lo hacen a sí mismas. Ofrecen su dolor como un sacrificio, para demostrar al mundo que son buenas y los demás no. Lo curioso es que estas personas enferman y no quieren curarse, porque su enfermedad es la prueba de que los demás son culpables.

El sacrificio es un acto muy egoísta, porque en el fondo lo que se pretende es cambiar a los demás. El que se sacrifica se siente en posesión de la verdad, y se pregunta cómo es posible que los demás no se den cuenta de que ellos tienen la razón. Sufren en silencio, esperando que algún día los otros cambien para poder ser felices. Curiosamente, esperan de los demás un cambio que no haría ni Dios, pues, si Dios actuara en contra de la voluntad de Sus Hijos, lo haría en contra de su Santísima Voluntad, y ello es imposible.

(Texto extraído de “Curación a través de Un Curso de Milagros”, de Enric Corbera, adaptado por Xavi Demelo)

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Recibe un abrazo

Xavi

Un comentario

  1. darYrecibir dice:

    Comparto, gracias Xavi, gracias Padre

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