Pregunta:

Buen día Xavi, me encantaría entender cuáles son mis limitaciones con respecto a la materialización del dinero.

Gracias

E.

Respuesta: ç

Hola, E.

Pues la verdad es que no sé cuáles son tus limitaciones con respecto a la materialización del dinero, lo único que puedo hacer es explicarte las mías, por lo menos las que yo tenía antes de que Un Curso de Milagros llegara a mi vida.

Primero de todo, creía que el dinero existía como tal, y que la abundancia estaba afuera, y que yo tenía que “hacer” siempre algo para alcanzarla, y que si no lo hacía, o no lo hacía “bien”, siempre era por mi culpa, por mi mala cabeza, por no ser merecedor, por ser malo, manirroto, irresponsable, etc. Aunque de puertas para afuera, para que nadie se diera cuenta de las culpas que yo guardaba celosamente en mi sombra, siempre había algún culpable ajeno a mí presto a cargar con el mochuelo: la mala suerte, Dios, el Destino, la crisis general o las crisis sectoriales, la macroeconomía, la Bolsa, ser Cáncer ascendente Acuario, mi socio, mi jefe, mi mujer, la educación recibida y un largo etcétera de justificaciones que alimentaban esa rueda de carencia y escasez que a fin de cuentas solo estaba en mi pensamiento.

“Si no te gusta cómo te va, mira cómo piensas” (Enric Corbera). Esta fue la primera frase que me golpeó. Y, mediante el trabajo con el Curso, pude darme cuenta de que estaba equivocado, de que mis pensamientos creadores, dotados de un poder que solo una criatura divina puede tener, eran los verdaderos causantes de la situación en la que “creía” que me encontraba, cuando la verdad era que me encontraba en la mejor situación posible, en mi aquí y en mi ahora, que es dónde empieza el cambio, cuando uno decide seguir a otro Maestro y elige de nuevo: El sistema de pensamiento del Espíritu Santo en lugar del sistema de pensamiento del ego. Y ese cambio, de la proyección de la culpa a la extensión del Amor, también está en mi poder como, repito, criatura divina que soy.

Y me he ido dando cuenta de varias cosas importantes:

a) Que la abundancia no está afuera. Yo soy la Abundancia, y el Amor. Y, como dice UCDM, todo aquello que pido ya me ha sido dado.

b) Que el dinero no existe como tal. Lo que me llega como dinero es la manera que algunos de mis hermanos me hacen llegar su Amor, y cómo Dios premia parte del Amor que yo extiendo. Dar es lo mismo que recibir, dice el Curso.

c) Que el tiempo tampoco existe como tal. Así que acepto que todo llega a su debido tiempo, el dinero inclusive, y me entrego a que el Espíritu Santo me lo envíe cuando crea conveniente. Y acepto de antemano que va a haber pérdidas en el camino mientras yo voy cambiando mi manera de pensar que, evidentemente, no lo hace de un día para otro. Entrego mis juicios y, sobre todo, mis prisas, ya que, repito, el tiempo no existe. Acepto que necesito un tiempo para que cambie mi percepción y me libero del cómo y cuándo vendrán los resultados, que son preguntas del ego y no tienen respuesta. Yo me dedico a extender el Amor, impartiendo cursos, escribiendo, actuando, etc. Y confío, confío totalmente. Cada vez que sorprendo a mi ego preocupándose por el pago del alquiler, digo: “El futuro está en manos de Dios”, y así se lo entrego, y continúo haciendo aquello que siento que debo hacer, aceptando incluso que me echen del piso si eso es necesario para mi cambio de percepción. ¿Quién soy yo para juzgarlo? Y así, como promete UCDM, acorto el tiempo, ya que no sufro, porque sé que todas las cosas obran conjuntamente para el bien, salvo a juicio del ego.

d) Por tanto, me niego a tener la percepción que tiene la mayoría de la humanidad, que viven cambiando tiempo por dinero, dos conceptos que no existen como tales. Mi percepción es que yo formo parte de la rueda de la abundancia y como más me acerco a esos pensamientos, más fluye el dinero, sin esfuerzo, solo haciendo aquello que me gusta hacer: extender el Amor mediante las cualidades que me han sido dadas. De los resultados se encarga mi Socio (El Espíritu Santo, que es el jefe de ese departamento). Yo intento no inmiscuirme jamás. Y le digo, cada mañana: “Hágase tu voluntad y no la mía”. Y me pongo con mis cosas.

Y cada vez que el sistema de pensamiento del ego me sorprende con su creencia en el tiempo y en las situaciones irreales del mundo de las formas y de la materia, haciéndome sentir miedo a los posibles “castigos”, yo me perdono y entrego ese juicio al Espíritu Santo. Las veces que haga falta. Y le demuestro que confío. Y como más le demuestro que confío en que los medios están a mi alcance porque Yo soy los medios, éstos llegan con fluidez a mi vida. Porque ya estaban allí, solo que yo no los veía. Y mi paulatino cambio de percepción me lleva a comprender cada vez mejor, paso a paso, perdón a perdón, esa gran verdad del Curso: En el Universo, tanto para las cosas superficiales como para las profundas, la abundancia es ilimitada. ¿Para qué preocuparse entonces? Yo sé que el Espíritu Santo me proveerá de todo aquello que necesite, no de todo aquello que quiera, que es diferente, porque el Curso me ha enseñado a evitar el estado “quiero”. Yo seré “rico” cuando sea feliz, y nunca al revés.
Espero que te sirvan mis limitaciones y como me enfrento a ellas. Te juro que cada día es más fácil, eso también es un milagro. Por eso practicamos con el Curso. Solo la paciencia infinita produce resultados inmediatos.

Recibe un abrazo y mi profundo agradecimiento por permitirme aprender, como hago siempre que “enseño” y comparto.

Xavi

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