Pregunta:

Hola, Xavi
Esta semana he comenzado a hacer los ejercicios, lo hago con ganas y confiando pero me siento muy susceptible, sensible a los comentarios de los demás y en ciertos momentos incluso estoy enrabiada.
Ya de por sí soy una persona muy sensible que a menudo me tomo las cosas con demasiado “dramatismo” y todo me afecta diría que demasiado, este es uno de los motivos principales por los cuales me decidí a hacer el Curso. Supongo que esto es el ego, que se quiere hacer “notar” de alguna manera… pero me gustaría que me comentases qué piensas y cómo puedo hacer para sentirme más tranquila y sacarme de encima esta especie de enojo que siento.
Gracias por tu atención.
G.

Respuesta:

Hola, G.
Felicidades por comenzar el Libro de Ejercicios, nada importante va a pasar si no tomas el compromiso de terminarlo. Esa es mi humilde opinión.
Supones bien, el ego se va a poner cualquier disfraz para resistirse a desaparecer, puesto que acabas de comenzar un camino de des-hacimiento del sistema de pensamiento del ego. En tu caso el de la ira y el enojo, que nunca son por los motivos que piensas. Recuerda lo que dice el Curso: Nunca estoy enfadado por la razón que creo. En realidad la ira y el enfado tienen raíces muy profundas y no tienen nada que ver con los comentarios de los demás ni con aquello que en el mundo de las formas hace que formules juicios internos sobre lo que está bien y lo que está mal, lo que es injusto que te hagan o que te digan, etc.

En realidad estamos enfadados porque nos sentimos separados de Dios. Aunque eso en el fondo no es cierto, es irreal. Y recuerda que nada irreal existe. Esa es la causa. En UCDM trabajamos con las causas, y no con los efectos. Los efectos solo son avisos, señales, por donde accedemos a las causas y las cambiamos mediante el perdón y la entrega de los juicios al Espíritu Santo.
Creer que estamos separados de Dios implica también sentirnos separados de nuestros hermanos, que en realidad son Uno también con Dios y con nosotros. Es por eso que sus comentarios, acciones u omisiones nos parecen ataques de los cuales hay que defenderse mediante el juicio y, a consecuencia de creernos ese juicio según el programa de pensamiento del ego, siempre separador, entramos en estados de ira y de defensa. Un pensamiento de defensa es siempre un pensamiento de ataque contra nuestro hermano. Y, a la vez, contra nosotros mismos. Porque todos somos Uno. Pero, a la vez, es un aviso de que en ese mismo momento en que estamos pensando así, somos libres de elegir otro pensamiento. En eso consiste el trabajo práctico del Curso. En no dejarse engañar con la percepción inducida por el ego, por la etiqueta que quiera poner ante cada situación “injusta”. Ese es el milagro de la curación del pensamiento. En reconocer que solo puede juzgar esa situación Aquel que tiene toda la información pertinente. Y ése no es, por supuesto, el ego. A nadie le gustaría ser juzgado en el mundo de las formas por un juez que hubiera estudiado Humanidades y no Derecho. Por tanto, ante pensamientos que solo proyectan, con diferentes disfraces, nuestra culpabilidad reflejada en otros, tenemos que interpretarlos como lo que realmente son: mensajes que el Espíritu Santo, correo de la Inteligencia Universal, o sea de Dios, nos envía a través de nuestros hermanos, o, mejor dicho, a través de la percepción que tenemos de ellos. Esa información es la que nosotros, dándole la vuelta a la tortilla, tenemos que ver en nosotros mismos, aplicando el perdón y la entrega de esa parte del programa que nos hace pensar así al Espíritu Santo. Así tomamos la responsabilidad de nuestros juicios y, paso a paso, vamos cambiando nuestra percepción hacia un pensamiento de Unicidad y de No dualidad, sanando la causa y no simplemente cambiando una ilusión por otra.

Y debes aceptar que en el camino va a haber enfado, tristeza, miedo, etc. Pero también muchos espacios de paz interna que antes no tenías, puesto que la liberación paulatina de la culpa que precipita esas reacciones mentales deja espacios de paz que te van acercando cada vez más a la conciencia de Dios de la que tú formas parte de pleno derecho.
Cuando de alguna manera tu paz se vea amenazada o perturbada, afirma lo siguiente: No conozco el significado de nada, incluido esto. No sé, por lo tanto cómo responder a ello. No me valdré de lo aprendido en el pasado para que me sirva de guía ahora.

Gracias por permitirme ayudar.

Xavi

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