Pregunta:

Hola, Xavi

En general, en un primer momento, me siento sola y desamparada frente a los miedos, y la verdad, tengo muchos: a la pobreza material, a la vejez, a la enfermedad, a no ser querida, a la muerte, y la lista sigue… Gracias a herramientas que previamente he adquirido en el “supermercado espiritual”, solo por hoy, no me paralizan ni desesperan como en otras épocas en que veía a esta vida como una trampa mortal sin salida y me angustiaba mucho, aunque en oportunidades esos miedos aparecen en mis sueños (literalmente en mi actividad onírica).
Desde julio del año pasado (más o menos fue cuando empecé a estudiar UCDM con regularidad, de modo casero, informal, y como me sale) he notado que estoy más ligera, que percibo esos mismos miedos de modo diferente, y que de alguna manera dejé de estar alerta a las posibles traiciones o “ataques” de las personas (que me dejen de querer de modo especial), del cuerpo (enfermedad, vejez, muerte), o de las vicisitudes económicas que pueda atravesar.
Los espejos en los que aún me cuesta mirarme son aquellos que reflejan juicios, desidia, o avaricia/codicia. Critico a los que critican jajaja!!!, y también me molestan y critico a los que postergan, cuando yo misma en esta etapa también estoy postergando cosas importantes. Ni que hablar de la gente que me parece avara o codiciosa….
Gracias por darme la oportunidad de compartir.
P.

Respuesta:

Todos aquellos juicios y miedos que nos acompañan y nos acechan son oportunidades para aplicar el perdón y la entrega. No hay más. Ese es el camino del Curso: Perdonar, confiar y escoger la paz interna. Una y otra vez. Solo así vamos cambiando poco a poco nuestra percepción de todo lo externo y nos vamos acercando cada vez más a la comprensión de que “Nada irreal existe”. Siempre debemos estar eligiendo, sin impacientarnos, sin exigirnos, sin perfeccionismos (otra gran trampa del ego), sin prisas pero sin pausas (y si hay pausas, nos perdonamos y retomamos, sin culpa).
Juzgarse y criticarse por hacer mal el Curso es uno de los pasatiempos favoritos del sistema de pensamiento del ego, una manera de añadir más culpa y seguir con la espiral que tanto le gusta al personaje. Debemos de perdonarnos en el momento presente, y ese momento presente a menudo no tiene nada que ver con la comprensión intelectual de las causas de nuestros errores (que no lo son realmente, son efectos del programa que nos domina y que vamos limando de a poquito con la herramienta del perdón), ni con el “darnos cuenta” del error. El error o pensamiento erróneo puede ser “pillado” y perdonado justo en el momento de que ocurra, o bien un poco antes, cuando comenzamos a estar entrenados con el trabajo mental del Curso, y sentimos que vamos a tener una reacción mental y emocional hija del programa de pensamiento del ego.
O bien después, cuando el ego quiere tener pensamientos tipo “Ya he fallado otra vez”, “He vuelto a caer” etc. El tiempo no existe, y el perdón acorta el tiempo. Esos fallos aparentes que cometemos en el trabajo del Curso, esos “despistes” que nos hacen descorazonarnos y desanimarnos y que nos remiten de nuevo a los sentimientos de culpa que están profundamente arraigados en nuestra sombra, en realidad son más de lo mismo: Nada más que oportunidades de ver al mundo y a nosotros mismos con ojos de perdón. Bendigamos y agradezcamos al Espíritu Santo por mostrárnoslas.
Cuando no veamos desde el intelecto en nosotros el juicio que hacemos sobre nuestro hermano, apliquemos la siguiente frase: “Me perdono por si acaso”. Cuando no comprendamos, cuando algo indefinido nos moleste, nos haga sentir mal, física o emocionalmente, cuando nos sintamos cansados, tristes, extraños, solos, desamparados, etc. En definitiva, cuando no estemos bien y algo nos rechine y nos moleste sin saber de dónde viene, digámonos las veces que haga falta: “Me perdono por si acaso”.
Y entreguemos ese juicio que aún no comprendemos al Espíritu Santo. La comprensión vendrá cuándo y cómo tenga que venir. Eso lo decide el Espíritu Santo, y no el ego, aunque éste se empeñe constantemente en hacerse esas preguntas que no tienen respuesta y que entrañan tanto sufrimiento. “Busca pero no halles”, ése es el mantra del ego. Mantra que le permite instalarse en el sufrimiento a perpetuidad.
Como más entreguemos y menos pensemos, más rápidamente llegarán las respuestas y nos daremos cuenta de ésa es una inmejorable manera de acortar del tiempo o, lo que es lo mismo, nuestra percepción del tiempo. Y, desde el momento presente, la línea que desciende hasta nuestra paz interna es mucho más rápida e inmediata. Me atrevería a decir que a menudo es incluso instantánea. Menos lucha mental y más rendición, esa sería una buena frase para aplicarla constantemente. Por eso el Curso nos recuerda que no debemos ser demasiado benevolentes con nuestros pensamientos y mantener una cierta alerta mental constante para que, cada vez que se presenta una ilusión, haya un perdón esperándola que la des-haga y nos permita elegir de nuevo.

Gracias por permitirme ayudar.

Xavi

Imagen de S. Hermann & F. Richter en Pixabay

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